INDUSTRIA

Trump lanza su guerra comercial con un arancel universal del 10% y uno específico del 20% a la Unión Europea

Impone gravámenes particulares a los países que considera que dispensan un trato comercial más injusto a EEUU, como China o aliados como Japón o los Veintisiete
Donald Trump abre un conflicto de consecuencias impredecibles que lleva el proteccionismo económico de EEUU a niveles no vistos en casi un siglo
Idoya Noain

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha elevado este miércoles su reto al orden comercial que ha regido durante décadas las relaciones globales. Tras semanas de amenazas, ha presentado una nueva política arancelaria que profundiza su política de nacionalismo y proteccionismo económico, la lleva a cotas no vistas en casi un siglo en EEUU y pone al mundo al borde, o incluso dentro, de una guerra comercial con el potencial de sacudir no solo relaciones económicas sino también políticas.

En el jardín de la Rosaleda de la Casa Blanca, rodeado por todos los miembros de su gabinete e invitados, el republicano ha firmado una orden ejecutiva para instituir lo que ha tildado de «aranceles recíprocos», aunque en realidad no lo son.

Trump ha anunciado un arancel universal mínimo del 10% a prácticamente todas las importaciones que entran en EEUU. Además, ha anunciado otros gravámenes específicos para los países que considera que dispensan un trato comercial más injusto a EEUU, entre los que ha incluido a aliados como la Unión Europea, Japón o Reino Unido.

En ese segundo caso, ha anunciado lo que ha llamado un «arancel recíproco con descuento», que será aproximadamente de la mitad de lo que su Gobierno ha calculado que esos países gravan a importaciones estadounidenses, ya sea con aranceles o con medidas no arancelarias como manipulación de divisas, subsidios o regulaciones.

Los países afectados se han enterado de los aranceles que les impone Washington mirando a un cartel que Trump ha blandido en la ceremonia. Y ahí, por ejemplo, se ha visto que la Unión Europea recibirá gravámenes del 20%, China del 34%, Vietnam del 46%, Taiwán del 32%, Japón del 24%, Camboya del 49% y Reino Unido del 10%.

La caótica presentación ha obligado después a la Casa Blanca a matizar que las cifras que se han visto en el cartel incluyen también el 10% genérico.

Calendario

En una llamada informativa previa al anuncio realizada por la Administración se había detallado también que los aranceles genéricos entrarán en vigor en el primer minuto del sábado en Washington (las 6.01 de la madrugada del día 5 en la España peninsular).

Los de los países señalados con gravámenes específicos, incluyendo la UE, se empezarán a aplicar en el primer minuto del martes 9. Eso sugiere que Trump se mueve con la idea de que puedan realizarse negociaciones bilaterales, aunque en el acto público ha optado por lanzar un mensaje de determinación.

«Es nuestra declaración de independencia económica», ha dicho el mandatario en el jardín la Casa Blanca, donde ha vuelto a tildar la jornada como «el día de la liberación» de EEUU, un apelativo de tirón propagandístico pero valor reducido, pues ya lo había empleado para marcar otras fechas como el día de las últimas elecciones presidenciales o el de su segunda toma de posesión.

Acciones de respuesta

El paso dado por Trump este miércoles pone fin a semanas de amenazas, especulaciones, incertidumbres y dudas pero abre una fase de potencial mucho más explosiva, pues competidores de EEUU como China y aliados como la UE han prometido acciones en respuesta.

Representa, además, una escalada en el enfrentamiento y el reto al sistema de Trump, que ya ha impuesto gravámenes del 25% a todas las importaciones de acero y aluminio y un 25% a las importaciones de coches fabricados fuera de EEUU, que entran en vigor este jueves.En ambos casos, según ha explicato también la Casa Blanca, forzada a poner orden en el caos informativo, esos aranceles se mantienen en esos porcentajes y no se verán afectados por el genérico del 10% o los extras de los países señalados.

Exentas de esta ronda de aranceles quedarán también importaciones de energía y minerales que EEUU no produce así como las sectoriales a las que Trump tiene amenazadas ya con otros gravámenes, como las de las industrias de la madera, el cobre, farmacéutica y de semiconductores.

En el caso de Canadá y México, los vecinos con los que EEUU tiene un tratado de libre comercio que se remodeló durante el primer mandato de Trump, tampoco se suma el 10% general al 25% para productos no cubiertos por ese tratado. En el caso de China, nación cuyas importaciones ya ha gravado con el 20%, sí se se sumarán los aranceles del 34% anunciados este miércoles.

Un cambio histórico

Con los pasos dados hasta ahora Trump ya ha subido los aranceles que impone EEUU a una media del 12%, el nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial, según un análisis que presentaba este mismo mismo miércoles Deutsche Bank.

Y pese al triunfalista discurso del republicano sobre el efecto y el impacto que pueden tener sus medidas arancelarias, su estrategia crea dudas y críticas y alertas no solo sobre la espiral destructiva de respuestas de países afectados, sino también sobre una posible aceleración de la inflación, un freno del gasto de los consumidores o una contracción económica.

«Es el día de la recesión», ha dicho, por ejemplo, el líder de los demócratas en la Cámara Baja, Hakeem Jeffries. Recogía el consenso entre la mayoría de economistas, que calculan que los aranceles de Trump provocarán no solo esa contracción de la actividad económica global sino también en EEUU. En Goldman Sachs, por ejemplo, ha elevado en los últimos días la perspectiva de que se produzca una recesión hasta el 35%.

Es una política comercial que, además, preocupa a los ciudadanos estadounidenses, que en parte llevaron a la Casa Blanca a Trump por su promesa de bajar los precios pero ahora se ven sacudidos por perspectivas oscuras y han empezado a recortar su gasto.

Trump insiste en que su estrategia va a servir para que el Gobierno vea subir sus ingresos en miles de millones de dólares (seis billones según los cálculos de Pete Navarro, uno de sus asesores, que da esa cifra sin ofrecer datos que la apoyen y requiriendo un ejercicio de fe). También dice que su política arancelaria incentivará el retorno de la producción a EEUU, con industrias que para evitar los gravámenes se instalarán y fabricarán en EEUU. El problema es que ambas metas son incompatibles.